lunes, 6 de septiembre de 2021

PULTSUA HARTUZ 1


 
CRÓNICA SOCIOSANITARIA 1 (06-09-2021) 
 
Movilizaciones en favor del primer convenio de residencias de Navarra. El pasado mayo se inició una campaña sindical unitaria para reclamar un convenio autonómico para los centros de la tercera edad, iniciando la constitución de una mesa negociadora. En el comunicado conjunto declararon que "no puede haber calidad en la atención al dependiente si no hay calidad en las condiciones laborales", abogaron por "transitar hacia un modelo público, gratuito y universal de los cuidados" y consideraron "imprescindible" un convenio colectivo autonómico que "homogenice" y "dignifique" la situación en el sector, que "elimine la brecha salarial entre trabajadoras de una residencia a otra" y "se encamine de manera progresiva a salarios y jornadas similares a las realizadas en la administración pública". Ahora de nuevo se anuncian concentraciones de apoyo a la reivindicación ¿Cuál es la situación del sector? Está conformado por 4.500 trabajadoras en 71 centros residenciales, centros de día, teleasistencia y atención a domiciliaria. Se trata de un sector feminizado al 90%. Se rigen por convenio estatal de atención a la dependencia (jornada de 1.792 horas, con salario base que no alcanza los 1.000 euros brutos) y tan sólo unos pocos centros están regulados por sus propios convenios. Ello conlleva que pueda haber diferencias salariales hasta del 30% y más de 100 horas anuales entre trabajadoras de diferentes centros. 
Los ratios regulados por el decreto publicado en 2020 por el Gobierno de Navarra "son altamente insuficientes, con un promedio de siete minutos para el aseo de cada usuario, con una atención directa de 88 minutos en todo el día". Escasez de personal, fuertes cargas de trabajo, importantes niveles de bajas laborales por motivos físicos y psíquicos. ¿Traerán los presupuestos de 2022 el primer convenio de residencias? Resulta inevitable establecer comparaciones con lo ocurrido con el primer convenio del ambito sociocomunitario el año pasado. En aquel momento, el Departamento mostró predisposición a ello, la patronal lo rechazaba exigiendo un aumento de la aportación a realizar por la Administración en los conciertos y el sindicato LAB llevó adelante una fuerte movilización en la calle. Al final, el acuerdo entre PSN y EHBildu para sacar adelante los prespuestos desatascó la cuestión, con la aprobación de una línea presupuestaria para facilitar la firma del convenio. Esta vez se dan algunos elementos comunes, bien para facilitar la firma de un convenio o, como poco, para darle un fuerte empuje: la consejera de Derechos Sociales ha mostrado públicamente su disposición; igualmente en julio perdió la vigencia del acuerdo marco existente con la empresas; los sindicatos mayoritarios ven interesante el trabajo unitario que facilite compartir los réditos del avance (cosa que no ocurrió el año pasado); por último, al Gobierno le interesa anotarse un tanto a la hora de conseguir este avance social, a la vez que su gestión se ve favorecida por una mayor homogeneización del sector. Dos dificultades: 1/ cómo compatibilizar y reducir las grandes diferencias en las condiciones laborales existentes. 2/ La postura de la patronal ante la pérdida de poder para imponer condiciones laborales. Y retos para el futuro: la mejora sustanciosa de los ratios, la adecuación de los centros para ser más habitables y los programas que mejoren la calidad de vida y satisfacción de las personas residentes. Plan para atajar la Temporalidad: se mantiene las amenazas sobre el personal interino. Nos despedimos en Julio de 2021 con la aprobación del Plan de Gobierno para atajar la temporalidad con el sí de Podemos y el inesperado voto afirmativo de ERC, con la abstención del PNV. A partir de ese momento se abre un período de enmiendas, siendo difícil en estos momentos conocer cómo será el Plan definitivo. Las esperanzas depositadas en el rechazo al Plan se han convertido en una situación de gran incertidumbre por lo que pueda pasar en los próximos meses para el personal interino. En Navarra pocos avances. Esta incertidumbre también se traslada a nuestra realidad. No se ha celebrado la mesa general de negociación. Se desconoce la postura del Gobierno en relación a varrios temas: cuáles son los puestos afectados , cómo se aborda el proceso de estabilización de los mismos, así como el cronograma de los futuros concursos-oposición, ya que los procesos de selección deberán estar finalizados teóricamente antes de 2025. Recordar que entre las condiciones que la Comisión europea impone al estado español para recibir los Fondos Next Generation es el de abordar y reducir la temporalidad en la Administración. ¿Qué hay de la temporalidad en Salud? Se trata de uno de los ámbitos que más sufren la precariedad laboral en la Administración. Actualmente el 60% de la plantilla tiene carácter temporal. En este sentido, resulta llamativo, por no decir ridículo, el empeño del Departamento de Salud por maquillar esta situación. En la memoria del SNS-O de 2020, y con una plantilla de 11.262 profesionales, señala que el 73,88% de la plantilla es estable. Para ello, incluye en esta situación tanto a las 4.862 personas que son personal fijo como a las 3.458 personas que son personal temporal estable para cubrir vacantes y otras necesidades. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------ Hausnartzeko txokoa - Txoko de reflexión 
 
MAS EPIDEMIOLOGÍA Y MENOS AUTORITARISMO 
 
Artículo de Juan Simó, MAP del CS Rochapea en Diario de Navarra 
 Uno ya está un poco harto de la reincidencia en determinadas decisiones erradas de los políticos. Por segundo año consecutivo, la atención primaria ha quedado en verano a los pies de los caballos coronavíricos, más muerta que viva, intentando hacer su trabajo de siempre, el mucho añadido por esta ola veraniega, aumentando la presencialidad y, todo ello, sin el refuerzo prometido. Y sobre todo, uno está harto de que los políticos intenten camuflar su poca previsión, precaución y coordinación con más autoritarismo, más medidas restrictivas y centrifugando culpas de lo que, si alguien tiene alguna responsabilidad, son ellos mismos. Hemos llegado a un punto crítico de evolución de la pandemia. La reducción de la transmisión atribuida a las vacunas demostrada en variantes previas no se aprecia con la Delta. Por lo tanto, se esfuma la inmunidad de grupo pese a la cuenta atrás diaria iniciada hace pocas semanas por el Presidente del Gobierno. Y hay quien afirma que las vacunas pierden efectividad en prevenir formas graves de enfermedad y muerte con la variante Delta. Necesitamos, pues, más investigación epidemiológica en el mundo real para responder a determinadas preguntas y menos autoritarismo con el que camuflar decisiones políticas erróneas y descoordinadas. Si esta investigación epidemiológica la hacen otros ¿por qué no la hacemos nosotros? De todo ello hablo en este artículo que hace pocos días publicó Diario de Navarra y que reproduzco a continuación. Esta quinta ola pandémica ha sido inesperada para muchos, también para quienes menos debería haberlo sido: los responsables de sanidad del Ministerio y las Comunidades Autónomas. Con una reciente cuarta ola pequeña en primavera (una “olita”, según Fernando Simón) con relativa poca mortalidad asociada y con un proceso de vacunación que avanzaba a buen ritmo, estos responsables preveían un verano tranquilo. Y ante el segundo verano pandémico, de nuevo organizaron las vacaciones de los profesionales sanitarios como si no hubiera pandemia. Es decir, como siempre: sin sustituir prácticamente a nadie, especialmente en atención primaria. Además, tras la cuarta ola, despidieron a muchos rastreadores, médicos y enfermeras, contratados meses atrás, pues barruntaban un verano manso en coronavirus. Pero no ha sido así. Y esta imprevisión no se debe disimular con más autoritarismo (más mascarillas, pasaportes covid para todo, vacunas obligatorias, etc.). Ni culpando indiscriminadamente a los jóvenes del aumento de contagios, pues el verano pasado, sin vacunas, la vida social fue tan o más intensa que este sin tanta repercusión en contagios, ingresos o muertes. A diferencia del verano pasado –sin vacunas y un 5% de sujetos inmunes por infección natural–, iniciamos esta quinta ola veraniega con 18 millones de personas correctamente vacunadas y, al menos, un 15% de la población inmune por infección natural. Pese a ello, esta quinta ola es tres veces más intensa en contagios que la cuarta y, en su pico de fallecimientos –cuando aún falta la mitad–, supera ya de largo en muertos a la cuarta y el total de fallecidos de junio, julio y agosto de 2020. Pese a bautizarla como “ola joven”, no está siendo pues ninguna broma. Ante esto, algunas preguntas requieren respuestas para saber a qué atenernos. Los contagios en Navarra en esta quinta ola empezaron a descender días antes de implantarse el toque de queda y el cierre del ocio nocturno. No sólo ocurrió en Navarra. Estas medidas tienen efecto en la reducción de casos pero, sin hacernos trampas en el solitario, deberíamos reconocer que el contagio descendió claramente antes de que estas medidas pudieran ejercer efecto alguno. Esto nos obliga a la investigación epidemiológica. ¿O no es también cierto que, una vez la curva se dio la vuelta y empezó a bajar a mitad de julio, siguió bajando prácticamente a la misma velocidad que subió, pese a persistir botellones y no fiestas? Necesitamos más investigación epidemiológica y menos autoritarismo. Tiene poco sentido la obligación vacunal o de pasaportes covid cuando las actuales vacunas, en los correctamente vacunados, no reducen apenas la transmisión de la variante delta predominante en Navarra, en España y en los países de nuestro entorno. Es decir, los vacunados tienen mucho menos riesgo de infectarse, pero si lo hacen pueden contagiar a los demás prácticamente igual que los no vacunados. La vacuna es muy efectiva reduciendo el riesgo de enfermedad grave, ingreso y muerte. Por eso debemos seguir vacunando. No se entiende que el ritmo de vacunación haya descendido tanto en España. Durante julio y lo que va de agosto, cada semana transcurrida se ha vacunado a menos personas y, a fecha de hoy, tenemos más de 5 millones de dosis en las neveras sin poner. Para saber a qué atenernos necesitamos respuestas a preguntas que los datos de esta quinta ola ayudarían a contestar. Dentro de unos meses, con la práctica totalidad de la población diana vacunada, ya será más complicado obtener estas respuestas. Necesitamos saber si la inmunidad natural adquirida tras la infección es, como en otras muchas enfermedades infecciosas, de mayor duración que la proporcionada por las vacunas. Necesitamos saber si la efectividad de las vacunas frente a la enfermedad grave y la muerte sigue siendo similar a la que mostraron en los ensayos clínicos que sostuvieron su aprobación provisional. Los sujetos que pasaron la enfermedad en olas previas, los no vacunados o parcialmente vacunados, ¿han tenido más o menos riesgo de infectarse (o reinfectarse) o de ingresar en el hospital o morir que los sujetos vacunados con pauta completa? Lo mismo podríamos preguntarnos sobre los valores de la Ct al diagnóstico y sobre el riesgo de muerte tras la infección en cada uno de estos cuatro grupos: vacunados con pauta completa, parcialmente vacunados, no vacunados y sujetos reinfectados. Los datos para responder a estas preguntas los tienen los servicios autonómicos de salud y el Ministerio pronto debería recopilarlos y analizarlos en un estudio epidemiológico especial de esta quinta ola. Por cierto, 10.000 nuevos casos en profesionales sanitarios se han dado en esta quinta ola pese a que la inmensa mayoría estaban vacunados, ¿alguien piensa estudiar esto? Necesitamos responder a estas y otras preguntas para tomar decisiones más acertadas en los próximos meses. Insisto, más ciencia, más investigación epidemiológica y menos autoritarismo.

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