viernes, 17 de noviembre de 2023

PULTSUA HARTUZ 25


 

 2023-11 

30 DE NOVIEMBRE A LA HUELGA: IGUALDAD REAL EN LOS CUIDADOS, SOCIALIZAR LOS CUIDADOS, IMPLICARNOS EN LOS CUIDADOS 

Soy Jeanette L. Soy auxiliar gerontológica en una residencia de Tierra Estella. Tengo 59 años. Llevo 22 años sin moverme de aquí. Nada más empezar la mañana la carga de trabajo es impresionante, desde que les levantas a las 7.30 y ves que no puedes atenderles con la atención que merecen, y como les toque bañar... ya ni te cuento. Algunos en 5

minutos puedes, pero de normal necesitan atención. De hecho salen al pasillo a reclamarte cuando te pasas a otra habitación porque te has dejado alguna cosa. Es una gran impotencia. El tiempo es muy limitado y nos sentimos impotentes. Mi salario base son 997 euros a los que se añaden 18 euros por trabajar un domingo y 18 euros de antigüedad cada 3 años. Nuestro gran logro: Los festivos especiales a 77 euros 

Beatriz Z. Erriberako herri bateko egoitza batean egiten dut lan. 12 urte daramatzat zentro berean laguntzaile gisa lanean. Azken hiru urteetan gaueko txandak egiten ditut. 95 lagunentzako bi laguntzaile gara. Eta bion artean moldatu behar dugu edozein ezustekorako. Denetarik egitea dagokigu, medikuarena, garbitzailearena, erizainarena. Nire txanda aldatu nuen nire gaitzak zertxobait arintzeko. Eguneroko lan-karga izugarria da: lanaldia amaitzean, gorputza minduta daukazu besoetan, bizkarrean eta hanketan. Eta arrastaka daramazu. Mutualitatera joan eta uko egiten diote laneko baja gisa aitortzeari. Zenbat aldiz entzun behar izan dut "hori etxean fregatuz egingo zenuen". Zure lana ahalik eta ondoen egiten duzu, baina hilaren amaiera iristen da, nomina ikusten duzu eta negar egiteko gogoa pizten zaizu. Nik askotan egin dut negar nomina ikustean, nire lana ez delako baloratzen ari. Egoiliarren alde egiten dugun guztiak, gustura egiten dut eta nire lana da, ez du balorazio ekonomikorik. 

Soy Susana M. He estudiado sociología en Ecuador, sin papeles. Trabajo como interna en un domicilio en Iturrama. En la sociedad de los “planes de igualdad”, de la “conciliación de la vida laboral y familiar” se ha impuesto una nueva distribución del trabajo, donde se mantiene la discriminación por género. Las tareas que el sistema patriarcal y capitalista impone a las mujeres en su rol de cuidadora de la familia, hoy se trasladan a la mujer extranjera. De esta forma el sistema no se cuestiona, ni se modifica, solo cambia la mujer sobre la que recaen las tareas de menor prestigio social, invisibilidad y subordinación. De este modo, el empleo de mujeres inmigrantes extracomunitarias en los servicios de proximidad permite identificar un trasvase de desigualdades de clase y etnia entre las propias mujeres, por lo que se enmascara el mito del “nuevo igualitarismo dentro de la pareja” y el patriarcado sigue subyaciendo inalterado detrás de las estructuras domésticas y del empleo remunerado.¿Es posible imaginar nuestra propia vida sin libertad? ¿Podemos imaginar qué supone para una mujer adulta vivir pidiendo permiso para entrar, salir, comer?. Vivir sin poder disponer de tu tiempo. ¿Cómo es posible que quienes gobiernan Navarra hablen de reducir la desigualdad y no pongan la lupa en la situación de centenares de mujeres como yo que carecemos del derecho fundamental como es el derecho a la libertad y desarrollar una vida en familia?¿Cómo es posible que la sociedad se acostumbre a que la atención a personas mayores sea un trabajo de 24 horas, 365 días al año, muy barato y que la mujer que lo realiza no sea considerada una trabajadora sino un objeto de uso, sin necesidades ni vida propia? 

Soy Giovanna. Estoy de interna en una casa de Tafalla. Hace dos años que llegué de Perú. Tengo 46 años. Allí fui maestra y me formé como enfermera auxiliar. Me vine a Navarra por escapar de mi pareja. Durante la semana me encargo de cuidar a una señora demenciada. El sábado al mediodía me vengo a Pamplona y duermo en una habitación que mi prima tiene alquilada en la Milagrosa. Hoy no tengo ganas de hablar. Prácticamente, esta noche no he dormido nada. La señora se levanta mínimo cuatro veces en la noche para ir al lavabo y hay que estar vigilando que no se caiga ni se golpee, porque tiene los pies mal. Durante el día, tengo dos horas de descanso, pero como no puedo dejarle sola, no se cumplen. Tengo que hacer tanto las labores domésticas de limpieza como las de cuidado personal, así seis días a la semana por el salario mínimo, 1.080 euros. Trabajo para sobrevivir, y como no tengo papeles no puedo hacer nada que no sea encerrada en una vivienda. Unos años de trabajo que además no me los tendrán en cuenta ni para jubilarme ni para el paro. Ahora participo en un colectivo de mujeres migrantes. 

Soy Esther. Tengo 76 años. Cuido de mi pareja al que diagnosticaron Alzheimer. No tenemos familia cercana y me toca afrontar todas las tareas. No puedo dejarlo solo. Por las noches se levanta desorientado: unas veces porque quiere salir a la calle. Otras para acercarse al frigorífico y comer cualquier cosa que encuentre. Quiero a mi pareja, pero al mismo tiempo esta situación me provoca cansancio, angustia, tristeza, impotencia,… No encuentro momentos para descansar, ni para desconectar. Hay una persona voluntaria que viene una hora a la semana para que pueda salir a la calle. Tengo solicitada una plaza de centro de día al Gobierno de Navarra, pero pasan los meses y no me llega la plaza. Y la ayuda económica que me dan es de 250 euros mensuales. Hablan mucho de ayuda a la dependencia, pero eso, palabras y más palabras. 

Soy José Luis. Dirijo una residencia navarra, y formo parte del Círculo Empresarial de Atención a las Personas. Lo nuestro es una historia de éxito, ofreciendo bienestar y calidad. Y en ello, hasta la fecha, el Gobierno de Navarra nos ha ayudado al permitir que el 72% de las residencias sean gestionadas por entidades privadas, también las de lucro, como las nuestras. Así, el grupo Amavir nació en 2017. Está controlado por la sociedad Planiger SAD, que pertenece a la familia Mulliez, propietaria también de Alcampo y Decathlon. Es la quinta fortuna más grande de Francia. Amavir posee 42 centros en el Estado Español, entre ellas 6 en Navarra, con más de 6.200 plazas y una facturación anual superior a los 150 millones de euros. Pero cuidado: Si se exigen nuevos requisitos para establecer unidades pequeñas de convivencia de 15 personas en los centros o se pretende aprobar un convenio para las trabajadoras de las residencias, la viabilidad del sector puede estar en peligro, ya que aumentarán los costes y se encarecerán los precios.

Soy Koldo, Alfredo, Mikel o Martin. Hasta ahora poco nos ha preocupado lo que ocurre con los cuidados. Siempre había alguna mujer para ello. Poco hemos peleado para repartir el trabajo y poder corresponsabilizarnos en las tareas de cuidados. Apenas nos hemos rebelado contra la explotación que sufren quienes atrapadas por la Ley de extranjería son obligadas a cuidar en condiciones de esclavitud. El 30 de noviembre podemos empezar a darle la vuelta, movilizándonos junto a nuestras compañeras de clase. Y no olvidarnos de ello al día siguiente en todos los frentes: los personales, los familiares, los laborales, los sociales.

 

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